Acompañamiento Espiritual

¿COMO ES EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL?

El acompañamiento espiritual es la experiencia de reconocer, acoger y dar espacio al dialogo interior de aquel que busca, para que él mismo pueda dar voz a sus preguntas y dar vida a sus respuestas.


Es decir, ayudar a la persona a despertar o sacar a la luz el anhelo, la búsqueda interior que toda persona puede tener.

Esa es la fuente.

Y los ingredientes esenciales del acompañamiento espiritual son: un vínculo basado en la confianza, la presencia y la atención, además de la escucha activa, la compasión, la historia personal y colectiva o comunitaria, la hospitalidad y/o acogida, y crear un lugar donde se “comparte la experiencia de convivir” en un espacio, desde nuestra dimensión más profunda y raíz de lo que SOMOS.


PRINCIPIOS DEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL

  • Recordarnos constantemente a nosotros mismos y a los demás nuestro compromiso de servir y el honor de poder hacerlo.
  • Trabajar de forma colectiva y no individualmente.
  • Tratar a cada persona que acompañemos, como una historia única y como alguien a quien respetamos sin tener en cuenta su pasado o su condición actual.
  • Guiarnos en nuestro trabajo por la atención plena y la compasión, y asegurarnos de que nos ayudamos unos a otros a estar abiertos, conscientes y conectados con esa cualidad desde el corazón.
  • Familiarizarnos con el Silencio, para ser capaces de escuchar a la persona que acompañamos y no imponer nuestro propio ruido.
  • Ser conscientes de nuestras limitaciones y pedir ayuda a los compañeros cuando fuera necesario.
  • Cuidar constantemente de nosotros mismos; espiritual, emocional y físicamente, y compartir tanto las dificultades personales como las grupales a medida que surjan.

Caminando Juntos

Acompañamiento Espiritual

Acompañmiento Espiritual

¿COMO DEBE FLUIR EL ACOMPAÑAMIENTO?

El acompañante es más eficaz en su tarea, cuanto mejor situado esté. Si se trata de ser presencia para el acompañado -no hay amor sin atención-, parece decisivo que el acompañante pueda crecer en su capacidad de vivir en presente.

El acompañamiento adecuado dependerá de la fe en la vida y en su propio proceso. Eso significa confiar en una sabiduría mayor o superior, a la vez que reconocemos los límites estrechos de nuestra mente a la hora de leer lo que ocurre.

Un acompañamiento se muestra mediante un sentimiento de cercanía amorosa, empática y compasiva. Será esta presencia la que facilita y favorece el proceso que el acompañado haya de vivir. La búsqueda espiritual hace crecer la necesidad humana de empatía y compasión: sentir que el otro es capaz de ponerse en mi lugar, de ver las cosas desde mi perspectiva, y de verme con amor, lleno de vida y de color incluso, los momentos de duda o sufrimiento que la persona tenga que atravesar.

Todo ello nos muestra una actitud específica: la capacidad de ver “más allá” de las formas. Más allá del sufrimiento, que pueda ver a la persona; más allá del yo que creemos ser, que pueda ver la Consciencia que somos; más allá de nuestra necesidad de controlar, que pueda ver la confianza en la sabiduría de la vida…

El acompañante vive consciente como canal por el que fluye la Vida. Este es el aprendizaje: al descubrir nuestra verdadera identidad, vemos que no somos el yo que va queriendo “organizar” su vida; en contra del engaño ilusorio en el que nos mantiene nuestra mente. El yo no tiene ningún control; es la Vida la que se está viviendo en esta forma temporal, a través de ella… un dejarse vivir desde lo que somos en profundidad … un dejar que la Consciencia se viva en nosotros … expresar lo que somos.

En la perspectiva real aparece una compasión gratuita e incondicional que no busca nada para sí, sino sencillamente poner amor donde hay dolor. Las acciones brotan de nuestra sabiduría más profunda y la persona se percibe y se deja vivir sencillamente como cauce o canal. No hay apropiación o proyecto propio; hay sencillamente un dejarse vivir desde lo que somos en profundidad, dejando que la consciencia se viva en nosotros.

DESARROLLO INTERIOR

El desarrollo interior no hay que enfrentarlo al exterior, sino a lo superficial.

Cuando cultivamos la vida interior, crecemos desde dentro hacia fuera, dando lo mejor de nuestros frutos: la calidad y el sentido de la propia existencia; y empezamos a descubrir que estamos atravesados de infinito, que hay mucho más de lo que vemos, sentimos, pensamos o creemos.

“La vida tiene muchas capas de profundidad y crecemos y evolucionamos en la medida que avanzamos hacia esta profundidad”

El trabajo interior ayuda a tomar conciencia de las propias necesidades, deseos, anhelos y proyecciones que deforman la percepción que tenemos de nosotros mismos, del entorno y de quienes nos rodean.

Conócete a ti mismoQuien Soy … Vemos la profundidad de los demás en relación con el crecimiento de nuestro desarrollo Interior, según nuestra profundidad. Y desde esta perspectiva del Quien Soy podemos percibir una nueva visión de la vida.

Ante las diversas situaciones, tenemos una nueva visión, un discernimiento desde una elección más elevada, desde un horizonte mayor.

La relación con los demás también se transforma, ya que nuestro verdadero ser abre un espacio en las relaciones humanas, de manera que permite el respeto mediante la voluntad de entendimiento que fomenta el diálogo y propicia las relaciones pacíficas.

Permanece sólo contigo mismo y no corras a lo exterior, esfuérzate y no busques nada más. Algunas personas van tras otras cosas cuando están en esta pobreza interior y buscan siempre algo distinto para evitar así la apretura. También se quejan y preguntan a maestros y cada vez quedan más confusos. Párate sin dudar más. Después de la tiniebla viene la luz del día, el amanecer del sol.



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ESPIRITUALIDAD


Las dimensiones de la espiritualidad más relevantes reflejan los aspectos más significativos de la relación con uno mismo (necesidad de significado y coherencia), de la relación con otros (armonía en las relaciones con las personas queridas y necesidad de amar y ser amado) y de la transcendencia (necesidad de tener esperanza y sentido de pertenencia).

La espiritualidad es el aspecto de la humanidad que relaciona la manera en que los individuos buscan y expresan un significado y propósito, y la manera en que experimentan su conexión con el momento, consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con lo significante o sagrado.

Entender la espiritualidad como nuestra naturaleza esencial, que nos conforma como seres humanos y de la que surge nuestro anhelo inagotable de plenitud, que aspira a dotar a nuestra vida de sentido, coherencia, armonía y trascendencia.

“La naturaleza esencial que nos conforma y de la que surge la aspiración profunda e íntima del ser humano a una visión de la vida y la realidad que integre, conecte, transcienda y dé sentido a la existencia”.

Es un dinamismo de anhelo personal de plenitud en tres direcciones: hacia el interior de uno mismo en búsqueda de sentido; hacia el entorno en búsqueda de conexión; hacia el más allá en búsqueda de trascendencia.”